23 sept. 2012

EL NIÑO CON LOS PIES PINTADOS



Un grupo de médicos/científicos son los encargados  de cuidar y estudiar desde hace años a un niño con algunas características particulares.
Ellos mismos serán los encargados, en esta oportunidad, de exponer el origen y consecuencias de esas singularidades.
Durante la exposición se incluirán relatos de la vida del niño narrados por sus familiares y otros profesionales.


Imposible ver EL NIÑO CON LOS PIES PINTADOS y salir de la sala sin comentar la pieza, reflexionando sobre los grandes temas que ésta propone. Efectivamente, el relato de la obra no tiene nada de anodino, muy por el contrario, su esencia es de una  contingencia que duele. 

En esta historia conviven un padre, una madre, un médico, una médica, una empleada de subsidios y varias psicopedagogas, teniendo todos ellos como punto en común la figura de un joven que, lo descubriremos poco a poco, sufrió numerosos episodios de abuso sexual por parte de su propio padre. A partir de estos oscuros hechos que enfrentó desde niño, “el chico” desarrollara una personalidad introvertida, algo hermética; hecho por el cual se ha transformado en objeto de estudio para la medicina y su omnipotente ciencia que todo lo explica en números y análisis de diversa índole, ocupándose más del “objeto de estudio” que de la persona tras el análisis.

Todos se ocupan del “chico”, desde el aparato jurídico, el médico, el social, estatal y también, por supuesto, su familia. Todos se vuelcan en el intento por hacerlo olvidar, comprender o procesar los hechos traumáticos vividos. Y nosotros, en calidad de espectadores, también nos ocuparemos de su historia por el transcurso de la hora que dura la pieza, intentando comprender lo que vivió el muchacho y aferrándonos a la esperanza de que aquella sea sólo una historia teatral o una historia que siempre ha de suceder a otro, nunca a nosotros mismos.

La pieza hace uso de atractivos recursos escénicos que nos permiten adentrarnos en la obra sin miedo ni dolor, la estética escogida es acertada y ayuda a digerir un tema tan denso como el de la pedofilia e incesto. Hay momentos de risa, viajamos en los sueños del “chico”, nos reímos con los comentarios analíticos del cuerpo médico, nos sorprendemos ante las reflexiones del cuerpo estatal que se ocupa del caso y oímos la cabeza del propio “chico” hacernos la transcripción de aquellos momentos vividos junto a su padre, transcripción hecha desde la mente infantil que se esfuerza por comprender lo que vivió y que termina escogiendo la evasión como el camino que le ayudará a continuar con vida.

Destaca el manejo dramatúrgico del tema por parte de Diego Brienza y Laura Fernandez, así como la sobresaliente interpretación de Marcelino Bonilla como “el chico”.

Una pieza absolutamente recomendable, tanto por su forma como por su fondo. Una obra atrevida en cuanto a la elección del tema y acertada respecto al tratamiento del mismo. Esta es una invitación a enfrentar el tabú, reflexionar al respecto y despertar responsabilidades, desde el hogar hasta el Estado y sus organizamos.

EL NIÑO CON LOS PIES PINTADOS está los viernes a las 23:00 horas, en Abasto Social Club, Yatay 666, reservas:


Actores: Marcelino Bonilla - Mar Cabrera - Daniela Donschik - Lucrecia Gelardi - Laura Lina - Melina Kuperman -Horacio Marassi –
Pamela Marmisolle - Maia Menajosky - Gabriela Perisson - Vanina Salomon - Mauro Tellechea
Coreografía: Maia Menajovsky y Federico  Borensztejn
Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde
Realización de escenografía: Víctor Salvatore
Iluminación: Sandra Grossi
Diseño gráfico: Bárbara Delfino
Asistente de dirección: Yasmin Sapollñik
Dirección: Diego Brienza



AVIONES ENTERRADOS EN LA PLAYA



En un muelle, un pescador cuenta anécdotas a un desconocido con la esperanza de que, a cambio, el desconocido diga algo. No hay otras vicisitudes. Al igual que un caleidoscopio, Aviones enterrados en la playa es una construcción regular, un material que se refleja en función de cómo se mire." Luis Cano

Estos aviones caen a la playa de nuestro oído para llenarlos de poesía, y ¡se agradece!

De entrada el universo que se nos presenta es muy mágico, el relato –por denominarlo de alguna manera- emerge del fondo marino para respirar un poco de la mano de un personaje que puede ser percibido desde una función de narrador, y volver luego a sumergirse en el mar para flotar entre boca y boca, así nos hundimos a gusto con la presencia del vacío y de la poseía escénica.

Tanto las palabras que pueblan este universo, como el lenguaje corporal, musical y estético; nos hablan de que existe aquí una verdadera apuesta que no teme a experimentar y arriesgarse en el juego del lenguaje, los ritmos y sonidos. Además de la pulcritud y orden de la puesta en escena.

Por su parte, el elenco sabe muy bien transcribir la esencia de la pieza, aportando con lo mejor de su talento y oficio, esto hace que el viaje sea cautivante y no azaroso; por lo general existe una especia de “reticencia” o “miedo” a lo poético, pues se le lee desde el prejuicio que la liga con lo hermético. Sin embargo, esto no sucede en AVIONES ENTERRADOS EN LA PLAYA, el juego de los actores hace de éste un viaje que fluye por los senderos de la palabra, cuya poesía apela a un imaginario que abre mundos despertando nuestra imaginación.

Federico González Bethencourt, Francisco Grassi, Leonardo Murúa, Román Lamas, Mauricio Minetti son actores muy astutos, predispuestos a hundirse y ahogarnos en este mar de sentidos. Es increíble el juego latente que fluye entre ellos por medio de la presencia, la atención y de no caer en lugares comunes para encontrarse con los hechos, las palabras y ¡se agradece!

Desde un tiempo hasta ahora, la poesía ha estado bastante alejada del teatro, el diálogo fue el que se impuso, un dialogo coloquial, cotidiano, marcado de “realismo”. Por ello, el que aparezca una propuesta que se plantea enfrentar o encontrarse con el desafío teatral tomando como punto de partida el uso de la poesía y su inconmensurable poder creador, es algo que se aprecia; puesto que nutre la escena local y nos hace conectarnos con una parte esencial de lo humano, aquella que no se explica pero que siente. 

Este hermoso trabajo para disfrutarlo con todos los sentidos está los domingos a las 21:00 horas en NoAvestruz, espacio de cultura, Humboldt 1857. Reservas a: 4777-6956 ó reservas@noavestruz.com.ar

Elenco: 
Federico González Bethencourt, Francisco Grassi, Leonardo Murúa, Román Lamas, Mauricio Minetti
Diseño de iluminación: Ricardo Sica
Dirección de voces: Tian Brass
Música: Federico Marrale
Escenografía y vestuario: Mercedes Arturo
Fotos: Paola Toriano
Piezas gráficas: Laura Rovito
Producción ejecutiva: Alejo Sambán
Producción artística: Constanza Balsátegui
Coordinación de producción: Gabriel Cabrera
Asistencia de escenario: Diego Becker
Asistencia de dirección: Micaela Picarelli
Dramaturgia y dirección: Luis Cano