14 feb. 2009

LA DESESPERACIÓN DE LOS DISCRIMINADOS


La noche que Larry Kramer me besó


“La noche que Larry Kramer me besó” es una propuesta escénica simple, donde los ingredientes básicos son: la energía de Javier Van De Couter y Las imágenes escénica. A eso, añadimos un texto visceral y con mucha fuerza. “La noche que Larry Kramer me besó” es una propuesta que construye mundos desde imágenes, desde el espacio vació, que están determinados por la luz y la música.


Una obra que sin ser o tener elementos moralistas, moraliza. Un obra que en acción pregona sobre la discriminación, la homosexualidad y sobre los infectados que viven con el SIDA.


Un hombre que narra los momentos importantes de su vida, por aquellas situaciones que le marcaron y dejaron huellas: el sueño de ir a Nueva York, de ver, amar y odiar las comedias musicales; de ser militante; de ir al gimnasio; de buscar hombres; de buscar aventuras, buscar sexo; de despedidas y encuentros con los muertos que arrastra...


“La noche que Larry Kramer me besó” es un unipersonal donde Javier Van De Couter coloca toda la energía, las vísceras, la fuerza y la estética que la propuesta requiere para denunicar y desnudar en la obra: Los sueños, deseos, frustraciones, las luchas y las angustías de las personas que son discriminados por ser homosexuales o estar infectados con el virus.


“La noche que Larry Kramer me besó” está los viernes y sábados a las 21:00 en el teatro Antesala, Gorriti 3956.

8 feb. 2009

EN UN DÍA AMABLE, LA OSCURIDAD MOLESTA


El Hijo

De Jon Fosse



“El Hijo” es la propuesta bajo la dirección de Martín Tufró. Dicha propuesta, se encarga de dialogar sobre la oscuridad, sobre los secretos, sobre los temores y sobre la escena atemporal. ¿Podemos resumir la historia como la parábola del hijo pródigo?, Es simple y compleja a la vez: Un señor y su esposa no saben si esperar o no la visita “inesperada” de su hijo, quien al parecer, según los rumores del único vecino del lugar, acaba de salir de la cárcel; no se sabe a que vuelve o por qué.


La puesta en escena apuesta sobre el clima intolerante que produce el silencio y aparente incomunicación entre los personajes. También sobre las atmósfera de encierro, de frío y oscuridad. Busca a que los personajes transiten por la oscuridad de sus pensamientos, por sus secretos, y el temor de ser los únicos y los últimos en irse del lugar. O sólo irse, sin mirar atrás, sin decir adios.


Hubo uno que otro problema de vocalización, dicción y de volumen en la voz, donde cierta información en forma de diálogo sobre el hijo no se entendía y como espectador nos la perdimos.


Muy buena propuesta escénica y de vestuario. Donde los colores y elementos son fundamentales para el desarrollo y complemento de los silencios molestos. Lastima que las luces no hayan estado a la altura de esa propuesta simbólica.


“El hijo” está en el “Camarín de las musas”, Mario Bravo 960; los sábados a las 23:30